Mi caballero

Desde niñas nos leen cuentos que nos describen a un príncipe azul valiente que nos rescatará de cualquier problema. Con los años aprendí que los príncipes azules no existen y menos las princesas perfectas, entendí que todos somos seres imperfectos en un cuento de nunca acabar. Pero en mi corazón, desde pequeña existió un caballero que me rescato mil veces, tuve la suerte de que fuese mi padre, único y maravilloso. El era y será siempre mi caballero valiente.

Las mujeres casi siempre, crecemos muy apegadas a la figura paterna, mi papá era mi super héroe. Fuerte ante cualquier adversidad, me hizo crecer en una burbuja donde no permitía que a su niña pequeña le tocará la maldad. Siempre que cometía errores o me lastimaban, él estaba ahí para guiarme o «salvarme». Así fue hasta mis treinta y dos años, hasta que tuvo que despedirse a la fuerza.

Recuerdo como si fuera ayer, a mis diecisiete años, tuve un sueño donde mi papá fallecía. Fue tan real, que me levante sudando, llorando sin cesar, lo llame a su celular, me contestó inmediatamente, yo no paraba de llorar. Muy apegada con él, no solo era mi papá, sino también mi mejor amigo y confidente.

En una ocasión alguien me comentó que el día que perdiera a mi papá iba a sufrir muchísimo, que me sería difícil seguir adelante. En ese momento no veía eso como una opción, uno cree que las personas que amamos pueden llegar hacer eternas, pero la realidad es que la vida camina a pasos agigantados.

Luego mi padre se entero que tenía cáncer, lucho cinco años contra esa enfermedad, nunca se quejaba, nunca lo vi llorando, siempre fuerte como un roble. Me decía, hija voy a estar bien, voy a salir adelante. Lo veía tan determinado y convencido, que sus palabras me daban una inmensa tranquilidad. Luego me enteré que las cosas no eran como pensaba, y me habían ocultado la situación real. La última semana fue muy difícil para mi.

El no podía hablar, los medicamentos para el dolor lo hacían delirar. Luego lo vi un poco más estable, aprovechaba los momentos de quietud y lo miraba, me indico la doctora que le dijera lo que sentía y que me despidiera. Yo no quería llorar enfrente de él, no quería entristecerlo. Saber que alguien va a morir y no puede hacer nada, debe ser algo que produce mucho miedo e incertidumbre. Por primera vez le dije, no quiero que te vayas, no podré vivir sin ti y sus ojos se aguaron, mi caballero estaba débil y frágil.

También aprendí que una persona cuando va a morir y ha tenido un proceso largo de aceptación, a pesar de su miedo está en paz. Ha tenido tiempo de cambiar muchas cosas en su vida. Analizar las cosas de otra forma.

Comprendí lo frágil que somos los seres humanos, hasta los más fuertes, tenemos tiempo para ser débiles, la vida nos llegará a colocar a todos en ese ángulo. Quiero decirles, que a pesar de que mi caballero tuvo que irse, pude seguir viviendo y tuve que aprender sola muchas cosas dolorosas del mundo. Pero la vida continuó y ame vivir, mi papá siempre está conmigo y vive en mi corazón, cada día más fuerte que nunca. El amor no muere, se transforma. Y los legados maravilosos, pasan de generación en generación.

Los invito amar hasta el último día de su vida y más allá de la misma.

Feliz martes
Marisol Guizado