Lo peor es que no me siento como loca al decirlo, sino que la gente me empodera a seguir haciéndolo y buscando formas nuevas

Un país que desde que lo pisé está trayendo muchas emociones a mi vida, tanto espirituales como terrenales. Cuando llegas aquí te das cuenta de que hay una mezcla de culturas muy grande: muchos migrantes de todos lados del mundo que han formado el Estado de Israel.

Me he sentido muy identificada en el tema del emprendimiento. A veces en Panamá se tiene miedo a emprender por razones obvias; lo primero que me impactó fue sentirme fuera del común denominador en mi país. Desde niña siempre me he sentido rebelde y diferente en muchos parámetros. Sientes muchas veces que no llegas a encajar con el prototipo de sociedad y te sientes muy diferente. Sin embargo, para los emprendedores esto es como estar en Disney World. Lo primero que me hizo sentir parte de este sistema es que la gente no trabaja por el dinero solamente, sino porque siente la necesidad de cambiar el mundo y hacerlo un mejor lugar.

A veces percibo que a las personas lo único que les interesa es sacar dinero en todo, pero ¿y qué pasa con el propósito de vida? ¿Qué voy a hacer para mejorar el mundo? Acá en Israel me sentí empática porque comprendí que la mayoría, además del dinero —que no es malo, se necesita para vivir— realmente compartían mi pasión por querer salvar el mundo y hacerlo un lugar mejor. Lo peor es que no me siento como loca al decirlo, sino que la gente me empodera a seguir haciéndolo y buscando formas nuevas.

Me siento tan agradecida. Esperaba que me gustara Israel, pero más que gustar me he enamorado. Cuando uno trabaja o tiene proyectos debe buscar la forma de amar lo que hace y si no te sale bien, habrá mil millones de formas de hacerlo: te verán como un loco y humanista, con ideas que pueden cambiar las cosas, que no tienes que aprender a vivir con lo que hay.

Siempre me he rehusado a aceptar las cosas así. Gracias, Israel, por hacerme ver que hay muchos más así. Además, el museo del Holocausto llenó mi corazón saber que siempre hay una esperanza. Que a pesar de lo mal que podemos estar en un momento, este pueblo me recuerda que nunca se debe dejar de luchar.

A pesar de ser un país tan joven, entienden que la competencia es sana y que es bueno recibir mentes brillantes… Tengo tanto que contarles acerca de mi viaje en Israel, que todavía no acaba y que por lo menos me tomará tres semanas en tratar de resumir.

¿Qué les puedo decir de mi parte espiritual y el mensaje de humanidad de Shimon Peres, quien está en mi lista de nuevos ídolos, como lo está Nelson Mandela? Es posible hacer las cosas ayudando y sin necesidad de lastimar a otras personas, y que, a pesar de que otros te lastimen, tu vida tenga sentido.

Gracias a Israel y a su embajada, fuente latina, por recordarme que el amor rompe barreras y que los judíos y palestinos que se ayudan más son los que lastimosamente no se proyectan mucho en medios, pero que son la mayoría. SHALOM